ESTA ES LA HISTORIA DE SONIA

Desde muy pequeña tuvo algo claro, aunque entonces no supiera ponerle nombre: le nacía cuidar. Cuidar a los suyos, sostener, estar atenta a lo que les pasaba a los demás. Creció en una familia muy unida, siendo la pequeña del clan, responsable, sensible y observadora. Quizá por eso, y por no encajar en los moldes de lo esperado, su infancia y adolescencia estuvieron marcadas por experiencias de rechazo que dejaron huella.

Aquellos años la volvieron insegura y temerosa, pero también despertaron algo esencial: una capacidad profunda para sentir al otro, para escuchar más allá de las palabras. Aprendió pronto a proteger los vínculos, a leer emociones, a acompañar sin saber que eso, algún día, sería su profesión.

Su primer camino fue el de la peluquería y la estética, un espacio donde podía unir creatividad, manos y sensibilidad. Allí no solo embellecía por fuera; sin darse cuenta, muchas personas acudían a ella buscando algo más: un lugar donde ser escuchadas, comprendidas, vistas. La vida, sin embargo, volvió a ponerla frente a viejas heridas, y fue a través de su propio proceso terapéutico cuando empezó a comprender que aquello que tanto dolía también estaba señalando su propósito.

La enfermedad y posterior muerte de su padre marcaron un antes y un después. En ese tiempo, Sonia se formó en terapias integrativas para acompañarle y, sin saberlo, comenzó a transformar su manera de mirar la vida, el dolor y la sanación. Aquella experiencia la llevó a crear espacios de escucha para personas en procesos difíciles y, finalmente, a cerrar una etapa para abrir otra completamente distinta.

Hubo un momento de pausa, de búsqueda y de reconstrucción. Vivió fuera, aprendió de la vida, del amor y del duelo. Y cuando regresó, lo hizo con una certeza profunda: su lugar estaba en el acompañamiento terapéutico. Desde entonces, ha invertido tiempo, energía y compromiso en una formación continua y rigurosa, atravesando también sus propios procesos personales, porque sabe que no se puede acompañar de verdad sin haberse mirado antes.

Hoy acompaño desde una mirada emocional, transgeneracional y de conciencia, integrando cuerpo, emoción y experiencia. Mi forma de trabajar es profunda, respetuosa y honesta, orientada a ir a la raíz de los conflictos, a atravesar lo que duele cuando es necesario y a favorecer procesos reales de integración y transformación.

Hoy acompaño desde ese lugar que la vida fue tejiendo paso a paso en mí.

No desde la perfección, sino desde la experiencia, la escucha y la presencia.

Trabajo con respeto por los tiempos, por las historias y por lo que duele, porque sé que ahí es donde empieza la transformación real.

Si decides quedarte, no caminaré por ti.

Caminaré contigo, sosteniendo el espacio para que puedas mirarte, comprenderte y recolocarte con mayor libertad y conciencia.

Esta es mi forma de acompañar.

Y esta es mi manera de estar.

-Sonia Larsan-